Padres creativos, hijos creativos

¿Subestimamos la importancia de la creatividad? Tal vez; muchas veces desde la familia no se motiva a los hijos a ser creativos, ya sea porque los padres coartan sus ideas, porque no les permiten tomar decisiones, porque los llenan de pesimismo, o simplemente no le prestan atención a este asunto. Sin embargo, la creatividad es una habilidad que ayuda al ser humano a ser flexible, recursivo, a ver los problemas de un modo diferente y a identificar las soluciones con mayor facilidad.

La creatividad no sólo potencializa la creación, también está relacionada con la supervivencia, el aprendizaje y la inteligencia emocional. “Se ha demostrado, mediante la realización de investigaciones sobre comportamiento humano, la importante influencia del aprendizaje creativo para superar miedos, decepciones y problemas que se presentan a lo largo de la vida del adulto. Los niños creativos tienen mayores posibilidades de sobrevivir y “adaptarse” a entornos adversos, generando ideas que les permiten, no sólo mejorar su calidad de vida, sino también la de su familia.” *Lic. Soledad García – Enbuenasmanos.com

La creatividad proporciona una visión más amplia, lo que hace que la persona se salga de esquemas fijos y logre el mejoramiento continuo.

La creatividad nace en la cuna familiar

Martina Leibovici-Mühlberg en un artículo titulado “El papel de la familia en el desarrollo de la creatividad” el cual forma parte de un informe presentado por la Fundación Botín, hace referencia a la Dra. Margaret Morgan Lawrence quien afirmaba que “la creatividad nace en la cuna familiar y el mundo interior de los padres, antes de que nazca su hijo”.

Por esto, invita a los padres a dedicar tiempos a “volver a ser niños” proponiendo, con audacia, diversas actividades: “Si tuvieran cinco años… ¿qué les gustaría hacer?… Dedicar a esto un tiempo semanal, puede resultar más enriquecedor de lo que pensamos.”

Anima a fijarse en las personas más creativas del entorno cercano, así como a buscar acontecimientos nuevos: realizar otras actividades, conocer a nuevas personas. “Es gratificante descansar, concederse un respiro diario para hacer algo que entretenga. Si alguien ha creado algo –un cuento, una pintura- puede sentirse orgulloso y enseñárselo a sus hijos. En definitiva, hacer de la creatividad una parte normal y enriquecedora de la propia vida ayudará a que los hijos hagan lo mismo.” Señala la especialista.

Acciones concretas para realizar en casa

Tan necesario como es conservar una estructura, ser disciplinados, poseer hábitos y normas; también lo es el tener espacios de sano esparcimiento en familia que fortalezcan los lazos de confianza y potencialicen el desarrollo de habilidades como la creatividad. Además no debemos olvidar que los niños aprenden jugando, mucho más que memorizando.

Martina Leibovici-Mühlberg, brinda las siguientes ideas prácticas para que los padres sensibilicen a sus hijos hacia el pensamiento creativo:

– Habilitar, si es posible, una habitación de la casa dedicada a juegos y aficiones infantiles. Puede tener juguetes educativos que enseñen a crear y a pensar, adecuados a las edades de los chicos, puzzles, pinturas; cosas que habrá que ir cambiando y actualizando con el paso del tiempo.
– Fomentar el método de ensayo-error. Hacer ver a los pequeños que equivocarse en una labor es lógico. Hacer valoraciones positivas de la realidad. El ambiente pesimista y de queja es muy negativo para la creatividad.
– Exponer a los hijos a la música y al dibujo, en dosis adecuadas. Que aprendan a dibujar o/y a tocar un instrumento musical. Cuando ellos escuchen música, puede ser bueno sugerirles que cuenten algo de lo que esa melodía les inspira. Si ven un cuadro, se les puede preguntar qué colores hubieran utilizado ellos. Tras leerles cuentos y relatos de la vida personal, es bueno animar a los hijos a contar sus propias historias.
– Resulta muy motivador ver las cosas desde otro punto de vista; por ejemplo establecer “una búsqueda del tesoro”, puede resultar fascinante.
– Conocer sus talentos y reforzarlos se da de la mano con ser un psicólogo motivador. Por ejemplo: si a su hija le encanta nadar pero le cuestan las matemáticas, puede ser una buena idea que vaya a la piscina después de luchar contra los números.
Finalmente, hay que tener en cuenta la recomendación que hace la experta: “hay que recordar que un proceso creativo requiere un disfrute emocional en la tarea que se lleva a cabo: una concentración grata en el desarrollo de una actividad. Puesto que no resulta siempre sencillo llegar a este punto, este estudio recomienda dar tiempo a los hijos. No es una buena educación la que prepara al niño, con múltiples tareas útiles, para una competencia feroz. Respetar sus tiempos de juego y su evolución interior se parece a la tarea de la buena siembra.”

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