La adolescencia se forja desde la infancia

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Algunos padres se sienten temerosos ante la llegada de la adolescencia de sus hijos, pues la perciben como una etapa llena de retos y dificultades. Sin embargo, no hay que amedrentarse, lo que hay que hacer es prepararse.

Se suele pensar que se educa para una edad determinada, pero esto es equivocado. Aunque todo plan educativo debe irse adaptando a las necesidades de cada período, se educa para formar una persona adulta. Así que la primera clave es educar pensando en el futuro, teniendo en cuenta que la infancia es la etapa donde forjamos las bases de la adolescencia.

Antes de que llegue la adolescencia

Las primeras edades son el tiempo óptimo para cimentar las bases que se pondrán en juego durante el resto de la vida. Si desde pequeños los hijos acatan normas, cuando sean adolescentes o ya jóvenes, lo más seguro es que se adapten a ellas con mayor disposición. Por eso cuando se quieren lograr cambios o mejoras en los adolescentes, es más difícil lograr resultados satisfactorios, ya que no se puede pretender llevar a cabo una tarea que requería doce años, en unos cuantos meses.

Habrá casos especiales y excepciones a la regla. Pero existen muchas más probabilidades de que la adolescencia trascurra de forma normal, si durante los años previos el adolescente recibió una educación rica en valores y límites; a diferencia de uno que durante su infancia se le dio plena libertad de hacer lo que le provocó, dejando de lado la formación de la voluntad, el acatamiento de normas, la enseñanza de virtudes; en fin, todos los frentes que abarca la formación del ser.

Jorge Ordeig Corsini autor del libro “Preparar la adolescencia”, expresa en éste, el siguiente ejemplo:

“La adolescencia es una de las épocas más divertidas, apasionantes… y problemáticas de la vida. Es como una tempestad que embiste con toda su fuerza. En los antiguos barcos de vela, cuando se encontraban en medio de una borrasca, no tenían más remedio que ponerse a la capa: arriar velas, renunciar a avanzar y rezar para que el barco aguantara. Unos sobrevivían y otros se hundían. ¿De qué dependía? Esta es la pregunta clave. Y la respuesta es: de cómo estuviera preparado el barco; de que se hubiera construido bien, de que el mantenimiento hubiera sido correcto, de que la carga estuviera bien estibada, de que se hubieran hecho las maniobras previas para reducir trapo, etc. Cuando la tempestad ya se ha desatado, no se puede gobernar el barco: tiene que resistir él solo. Muy parecida es la situación de un adolescente. Si la tormenta le sorprende sin una preparación adecuada puede tener graves averías, casi irse a pique.”

No hay que dar por sentado que una buena preparación, elimina cualquier posibilidad de errores y equivocaciones por parte de los adolescentes, pues es lógico y normal que se presenten en esta etapa, incluso estos pequeños tropiezos serán importantes para alcanzar su maduración, además, conocer y aceptar sus propios límites. Frente a este punto, Jorge Ordeig explica: “No es bueno preocuparse demasiado: si el barco estaba bien preparado, las averías no serán de importancia, y tendrán un efecto muy positivo”. Claro que por otro lado, se encuentra la libertad personal, la cual le confiere al ser humano la facultad de tomar sus propias decisiones, pese a que los padres hayan realizado un perfecto trabajo.

Plan de acción

Elabore un proyecto educativo de sus hijos y siga atentamente los siguientes consejos:

Límites y normas desde pequeños. Para los bebés también existen formas de enseñarles los límites, por ejemplo los horarios de alimentación, sueño, recreación, baño, etc.

No ceder ante los caprichos y ayudarles a tolerar la frustración, con el fin de enseñar los conceptos de autoridad y formación de la voluntad. (Ver: Educar a los hijos con un poco de frío: tolerancia a la frustración)

No hacer cosas que ellos están en capacidad de hacer como ordenar su habitación, llevar la ropa al lugar indicado, resolver pequeños problemas… Dejarles que se esfuercen a la medida de sus capacidades. (Ver: Educar a los hijos en el valor del esfuerzo)

No sobreprotegerlos, mejor darles la seguridad para que aprendan a tomar sus propias decisiones. (Ver:Educar sin sobreproteger: ¿cómo lograrlo?)

Fortalecer la autoestima, básico para el adolescente. (Ver: Fortalecer la autoestima: tarea que empieza al nacer)

La enseñanza de valores como orden, disciplina, generosidad, honestidad, amistad, constancia, laboriosidad, respeto… también tienen aplicación en las edades primarias. Los niños irán interiorizando de acuerdo a su nivel de comprensión, pero para ello necesitan que los padres los familiaricen con estas virtudes.

Los padres no nacen aprendidos, requieren preparación y ayudas. Integre a su rutina diaria el aprendizaje en esta labor de padre, puede ser un libro, un artículo, videos, cursos, etc.

El hombre es como un bloque en bruto que durante años va adquiriendo forma gracias a la tarea, exigente y amorosa a la vez, de los padres. Este encargo requiere tiempo, dedicación y constancia, puesto que durante años se sembrará sin ver los frutos, hasta que un día aquella obra deberá brillar con luz propia y defenderse por sus propios medios, valiéndose de los instrumentos adquiridos en años anteriores.

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